Monday, August 6, 2007

Latin America Declares Independence


Five centuries after the European conquests, Latin America is reasserting its independence. In the southern cone especially, from Venezuela to Argentina, the region is rising to overthrow the legacy of external domination of the past centuries and the cruel and destructive social forms that they have helped to establish. The mechanisms of imperial control - violence and economic warfare, hardly a distant memory in Latin America - are losing their effectiveness, a sign of the shift toward independence. Washington is now compelled to tolerate governments that in the past would have drawn intervention or reprisal.

Throughout the region a vibrant array of popular movements provide the basis for a meaningful democracy. The indigenous populations, as if in a rediscovery of their pre-Columbian legacy, are much more active and influential, particularly in Bolivia and Ecuador. These developments are in part the result of a phenomenon that has been observed for some years in Latin America: As the elected governments become more formally democratic, citizens express an increasing disillusionment with democratic institutions. They have sought to construct democratic systems based on popular participation rather than elite and foreign domination.

A persuasive explanation for this has been offered by Argentine political scientist Atilio Boron, who observed that the new wave of democratization coincided with externally mandated economic "reforms" that undermine effective democracy. In a world of nation-states, it is true by definition that decline of sovereignty entails decline of democracy, and decline in ability to conduct social and economic policy. That in turn harms development.

The historical record also reveals that loss of sovereignty consistently leads to imposed liberalization, of course in the interests of those with the power to impose this social and economic regime. It is instructive to compare recent presidential elections in the richest country of the world and the poorest country in South America.

In the 2004 U.S. presidential election, voters had a choice between two men born to wealth and privilege, who attended the same elite university, joined the same secret society where young men are trained to join the ruling class and were able to run in the election because they were supported by pretty much the same conglomerations of private power. Their programs were similar, consistent with the needs of their primary constituency: wealth and privilege. For contrast, consider Bolivia and Evo Morales' election last December. Voters were familiar with the issues, very real and important ones like national control over natural gas and other resources, which has overwhelming popular support. Indigenous rights, women's rights, land rights and water rights were on the political agenda, among many others. The population chose someone from its own ranks, not a representative of narrow sectors of privilege.

Given its new ascendancy, Latin America may come to terms with some of its severe internal problems. The region is notorious for the rapacity of its wealthy classes, and their freedom from social responsibility. Comparative studies of Latin American and East Asian economic development are revealing in this respect. Latin America has close to the world's worst record for inequality, East Asia the best. The same holds for education, health and social welfare generally.

Latin American economies have also been more open to foreign investment than Asia. The World Bank reported that foreign investment and privatization have tended to substitute for other capital flows in Latin America, transferring control and sending profits abroad, unlike East Asia. Meanwhile, new socioeconomic programs under way in Latin America are reversing patterns that trace back to the Spanish conquests - with Latin American elites and economies linked to the imperial powers but not to one another. Of course this shift is highly unwelcome in Washington, for the traditional reasons: The United States expects to rely on Latin America as a secure base for resources, markets and investment opportunities.

And as planners have long emphasized, if this hemisphere is out of control, how can the United States hope to resist defiance elsewhere?

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Latinoamérica declara su Independencia

A cinco siglos después a la conquista Europea, Latinoamérica reafirma su Independencia. En el cono sur, especialmente desde Venezuela a Argentina. La región está alzándose para derribar el legado de la dominación externa de los siglos pasados y las crueles y destructivas formas sociales que ellas han ayudado a establecer. Los mecanismos de control imperialistas (violencia y batallas económicas son casi una memoria distante en Latinoamérica) están perdiendo su efectividad, un signo del cambio hacia la independencia. Washington ahora esta más obligado a tolerar a gobiernos, lo que en el pasado podría haber significado su intervención o sus represalias.

A lo largo de toda esta región, un vibrante conjunto de movimientos populares proporcionan las bases para una democracia significativa. Las poblaciones indígenas, tal y como si fuese un re-descubrimiento de sus herencias pre-colombinas, están mucho más activas e influenciadas, particularmente en Bolivia y Ecuador.

Aquellos desarrollos son, en parte, el resultado de un fenómeno que se ha ido observando por algunos años en Latinoamérica: cómo los gobiernos electos se convierten formalmente más democráticos, los ciudadanos expresan una creciente desilusión con las instituciones democráticas. Ellos han buscado construir sistemas democráticos basados en la participación popular antes que la dominación de las elites y los extranjeros. Una explicación convincente para todo esto nos ofrece el cientista político Argentino Atilio Boron, quien señaló que la nueva ola de democratización coincidía con los mandatos externos de las “reformas” económicas que minaron la democracia efectiva. En un mundo de naciones-estados es verdad por definición que la disminución de la soberanía conlleva a la disminución de la democracia y la disminución en la capacidad de conducir políticas sociales y económicas. Aquello, en cambio, perjudica el desarrollo. Los registros históricos nos revelan que la pérdida de la soberanía consistentemente conduce a la liberación impuesta, que por supuesto se encuentra bajo los intereses de aquellos que tienen el poder para imponer estos regímenes sociales y económicos. Es conveniente comparar las recientes elecciones presidenciales entre el país más rico del mundo y el más pobre de Sudamérica. En la elección presidencial de los Estados Unidos el año 2004, los votantes tenían la opción de elegir entre dos hombres que nacieron entre riquezas y privilegios, que asistían a la misma universidad elitista, que reunían los mismos secretos de la sociedad, que cuando fueron entrenados para formar parte de la clase dominante y ser capaces de competir en la elección porque eran respaldadas en gran medida por los mismos conglomerados del poder privado. Sus programas eran similares, consistentes con las necesidades de sus colaboradores principales: riquezas y privilegios. Por el contrario, consideremos Bolivia y la elección de Evo Morales en diciembre. Los votantes estaban familiarizados con las temáticas (las más reales e importantes como el control nacional sobre el gas natural y otros recursos) los cuales han agobiado a la ayuda popular. Los derechos indígenas, los derechos de la mujer, los derechos territoriales y los derechos marítimos estaban en la agenda, entre muchas otras más. La población eligió a alguien de su propia clase, no a un representante de los pequeños sectores privilegiados. Dada su nueva ascendencia, Latinoamérica puede llegar a acuerdo con algunos de sus más graves problemas internos. La región es famosa por su codicia de las clases adineradas, y sus libertades en cuanto a responsabilidad social. Estudios que comparan el desarrollo económico entre Latinoamérica y la Asia Oriental Latinoamérica esta cercana al peor record del mundo en cuanto a desigualdad, mientras que la Asia Oriental es de las mejores. Lo mismo se sostiene en cuanto a educación, salud y bienestar social, en general. La economía en Latinoamérica también ha estado abierta a la inversión extranjera, al igual que Asia. El Banco Mundial informó que la inversión extranjera y la privatización ha llevado a sustituir los otros flujos capitales en Latinoamérica, transfiriendo el control y beneficiando al extranjero, a diferencia del Asia Oriental. Por otra parte, los nuevos programas socioeconómicos que se llevan a cabo en Latinoamérica están revirtiendo los patrones, cuyo origen se remonta a la época de la conquista española, con las elites de Latinoamérica y las economías vinculadas con los poderes imperialistas y no con otras. Por supuesto que éste cambio es rotundamente despreciado por Washington, por las razones ya tradicionales: los Estados Unidos esperan contar con Latinoamérica como una base segura para los recursos, los mercados y las oportunidades de inversión.

Y como sus propios planificadores lo han enfatizado, ¿cómo nosotros los Estados Unidos podemos esperar resistir la provocación desafiante de otros lugares?

1 comment:

Anonymous said...

Buen trabajo, continua en esto, es el reto que te dejo.

Me parece muy bien ademas que lo hagas bilingue, espero mas gente pueda pasar a ver el blog y opinar.

Cuidate