
Por Alexandre del Valle
Un año después de la operación “Fuerza Aliada”, contra la ex-Yugoslavia, observadores independientes disponen ahora de informaciones objetivas para poder hacer un balance lúcido de lo que llamamos la « guerra de Kosovo ». En realidad, esta dicha « guerra » fue una verdadera punición colectiva con carácter ejemplar, concebida por los estrategas anglosajones, con objetivos diametralmente opuestos a los llamados « humanitarios », movilizando y manipulando así a la opinión pública.
Detrás de la diabolización del enemigo serbio con quien se ensañaron los Estados Mayores occidentales, pretendiendo bombardear Kosovo a fin de “evitar una catástrofe humanitaria” que los mismos bombardeos desencadenaron, es la Yugoslavia socialista y multiétnica, refractaria a la expansión de la OTAN en los Balcanes y deseosa de unirse a un “bloque ruso-ortodoxo” en gestación (tratado de unión ruso-bielorruso), que los Estados Unidos decidieron destruir después de haber puesto fin a toda salida pacífica a la crisis (Acuerdos de Rambouillet), siguiendo así la estrategia de desmembramiento iniciada desde 1992 en beneficio de entidades realmente étnicamente “puras”: Bosnia Herzegovina musulmana, Croacia, Kosovo, etc. De hecho, la política belicista de Washington ha resucitado el viejo choque de civilizaciones entre un Occidente liderado por EEUU y el mundo eslavo-ortodoxo, antagonismo que estuvo supuesto a desaparecer con la caída del muro de Berlín – una nueva guerra fría entre el “Occidente” y “el Resto del Mundo”. Pues, cada bomba lanzada sobre Belgrado fue recibida como una bofetada a Moscú y una advertencia a Nueva Delhi y Pekín.
La “estrategia total” de EEUU en Eurasia
También la “guerra de Kosovo” se inscribía dentro del cuadro de una estrategia total o “global strategy”, cuya meta es el control de Eurasia, para eliminar las potencias refractarias al “leadership americano”, a fin de desestabilizar, gracias al casus belli del secesionismo islámico, los tres competidores potenciales los más “peligrosos” de los EEUU : India, amenazada (Cachemira) por los independentistas islamistas pakistaní-afganos antes sostenidos por la CIA en Afganistán contra los Soviéticos ; China, frente a los separatistas wahhabitas en el Xin Jiang musulmán, igualmente apoyados por los Talibán-afganos ; Rusia, contra la cual otros veteranos checheno-saudíes antes subvencionados por el Pentágono como lo es el general Besaïev y estrechamente relacionados con Bin Laden y los Talibánes, intentan desestabilizar al Cáucaso y Asia central, a fin de privar a Moscú de la Ruta del Petróleo. Así, solamente, se explica el llamativo sostén mediático occidental aportado a los ultra-fundamentalistas chechenios ligados a los Talibanes y la tentativa de rechazar a Rusia de la “comunidad internacional”, y lo mismo de excluirla del Consejo de Europa, eso en el mismo
momento que se justifica la entrada al seno de la Unión Europea, de Turquía, Estado antidemocrático y militarista, que nunca reconoció el genocidio armenio, reprochable de operaciones de represión no menos violentas que en Chechenia. Pero, el Consejo de Europa y Bruselas son mucho menos severos con los abusos de los “derechos humanos” cometidos por Turquía, más que nunca, el pilar Sur de la OTAN en Eurasia. Las principales zonas de inestabilidad en el mundo llevan la marca, como lo podemos observar, de la estrategia americana de “divide et impera” y del “doble Standard”. Una estrategia suicida a largo plazo para Occidente, desde luego, pero que las compañías americanas listas a todo para conseguir nuevos mercados y las elites de EEUU enceguecidas por su “voluntad de potencia planetaria” defienden cualquiera sea el precio a pagar por los “enemigos-útiles” y las potencias “aliadas”.
Relanzamiento de la carrera armamentista y desestabilización en cadena: consecuencias de la estrategia americana
Desafiando los principios del derecho internacional, comenzando por la soberanía nacional en nombre de una “ingerencia humanitaria” por lo menos elástica, los responsables occidentales han abierto la caja de Pandora del nacionalismo étnico y del separatismo (Síndrome de Kosovo). En efecto, la “diplomacia de bombardeos y embargos” constituye, a partir de ahora, una de las principales fuentes de conflicto en el mundo, una grave amenaza para la paz, además acentuada por el nuevo programa anti-misiles americano, oficialmente contra los “Estados Gamberros” (Rogue States), pero en realidad destinada a neutralizar las potencias euro-asiáticas, y a relanzar la carrera armamentista nuclear, en violación al tratado de no proliferación de armas de 1972 (ABM). La alternativa al Nuevo Orden Mundial americano unipolar, caracterizado por la Ley - americana - del mas fuerte, residiría en lo que Henri Kissinger llama una “política de equilibrio”, la puesta en consideración del carácter multipolar del mundo de la post-guerra fría, y una renunciación al neo-imperialismo “arrogante” de Occidente bajo la dirección americana, el generador de anti-occidentalismo y de guerras.
Por una “Gran Europa” confederal independiente y coherente
Europa debe de una vez por todas definir sus límites, a fin de no volverse una simple zona de libre cambio mundial indefinidamente extensible, en consecuencia rechazar categóricamente la entrada de Turquía en la Unión Europea. Ella debe en efecto continuar a comerciar y dialogar normalmente con Ankara, en el seno de las instancias ya existentes como el OSCE, el consejo de Europa o la unión aduanera. Pero eso no le impide de ninguna manera reafirmar la característica decididamente extra-europea de la Turquía post-otomana y post-kemalista, extranjera a los intereses europeos bien entendidos. La Unión europea debe dotarse imperativamente de un proyecto político coherente - confederal - reuniendo sus dos pulmones o “geo-civilizacionales”: occidental y post-bizantino, y además edificar una real política de defensa y de industrias estratégicas independiente de Washington y de la OTAN.
• Alexandre del Valle es investigador en el Centro de Búsquedas y Análisis Geopolíticos París.

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